Alfabetización Digital en las sala de 5 años
La alfabetización digital es un "nuevo" concepto que comenzó a instalarse en el ámbito educativo. Cuando busqué ampliar esta idea, me encontré con la siguiente definición, la cual me presentó un gran desafío desde mi rol docente: la alfabetización digital es el conjunto de habilidades cognitivas, técnicas y éticas necesarias para habitar los tiempos actuales. También es la capacidad de encontrar, evaluar críticamente, transformar y compartir contenido mediante el uso de herramientas digitales que permitan mejorar su vida y el entorno.
Y así surgió en mí la pregunta: ¿cómo acompañar a mis alumnos/as de 5 años a iniciarse en este proceso de alfabetización digital?
El primer paso fue indagar sus saberes previos: en qué situaciones utilizaban las herramientas digitales y aplicaciones, cuáles usaban con frecuencia, en qué momentos y con quiénes las usaban. Las respuestas obtenidas me sorprendieron: conocían todas las aplicaciones que les presenté, pero, en relación con la función, las posibilidades y los riesgos de estas herramientas, su conocimiento era muy limitado o casi nulo. El rol que asumían frente al uso de los dispositivos era pasivo.
A partir de esta observación, diseñé diferentes propuestas de aprendizaje que sucederían de forma transversal en el aula. Iniciamos la propuesta poniendo el foco en ampliar las posibilidades que brindan estas aplicaciones: YouTube, Google e IA, las cuales nos acercaron datos para enriquecer una investigación que estábamos realizando sobre animales y la historia de nuestro país. Diferentes herramientas de pensamiento (rutinas y llaves) potenciaron el desarrollo de la observación, el pensamiento crítico, el análisis, el intercambio de ideas y el trabajo colaborativo frente a los resultados que obteníamos al buscar información con dichas herramientas digitales.
Abordamos las propuestas incluyendo el concepto de bialfabetización, que sugiere que convivan en el aula propuestas digitales y analógicas. Desde allí ampliamos posibilidades: por ejemplo, creando dibujos con aplicaciones y en papel utilizando diferentes elementos de geometría; visitaron la plaza del barrio y también le solicitaron a Google imágenes de juegos de plazas innovadores, para luego crear su propia maqueta de plaza con los juguetes que estaban disponibles en el aula.

Continuando con esta idea de alfabetizar, la propuesta en esta oportunidad estaba relacionada con ampliar sus conocimientos respecto a nuevas aplicaciones que ellos desconocían y que podían brindarles la posibilidad de interactuar con contenidos valiosos al momento de estar en contacto con los dispositivos. Fue así como les propuse utilizar Canva para construir las etiquetas de sus primeros cuadernos.
También utilizamos Google Earth para conocer monumentos valiosos y representativos de nuestro país, como la Casa de Tucumán, el Cabildo y el Obelisco. Esta aplicación los acercó a comprender las nociones de ubicación espacial y también abrió la posibilidad de conversar sobre el espacio, el sistema solar, cómo se obtenían esas imágenes y quiénes las enviaban…
Al aparecer nuevas aplicaciones y otras dinámicas al utilizar las tablets del jardín, observamos las dificultades que existían al tenerlas dispersas en diferentes ventanas de los dispositivos. Fue desde esta realidad que les propuse organizar las tablets del jardín clasificando las aplicaciones según sus funciones y posibilidades. El trabajo lo realizamos en multipropuestas: lograron seleccionar las aplicaciones que eran "importantes para investigar y aprender cosas nuevas" diferenciándolas de los juegos, y las organizaron en las diferentes ventanas; también eliminaron aplicaciones que no eran útiles o que estaban repetidas, y descargaron nuevas que consideraban necesarias para investigar. Las docentes fuimos acompañando y guiando estos procesos e invitándolos a pensar en el valor que tiene organizar los dispositivos para facilitar y mejorar su uso.
Y en este proceso de alfabetizarlos digitalmente, había algo que me generaba inquietud como docente de Nivel Inicial: ¿qué espacio real existía para jugar?, con todo lo que jugar significa y posibilita, sobre todo en las edades tempranas. El juego en el jardín estaba garantizado porque se generaban espacios, tiempos y propuestas para que este sucediera: juegos de mesa, juegos con manos, juegos de construcción, juegos dramáticos, manchas, escondidas… Pero ¿qué pasaba en sus casas?, ¿qué tiempo había de juego real y cuánto de juego virtual?, ¿a qué jugaban y con qué? Desde allí surgió la invitación para que ellos pensaran: ¿qué cambia cuando jugamos sin pantallas?
A partir de esta pregunta disparadora, indagamos a qué jugaban con las pantallas. A través de un gráfico de barras, organizamos toda la información obtenida (información que ellos trajeron de sus casas). Roblox fue el juego más jugado en la sala de manera virtual, seguido por la youtuber Lina y luego otros juegos relacionados con carreras de autos, maquillaje y algunos más. La propuesta consistió en investigar de qué se trataba cada una de las propuestas de YouTube o juegos y buscar recrearlos en el plano real. Una vez que teníamos el juego creado, jugaban en ambas modalidades para luego pensar juntos y analizar las posibilidades de cada propuesta digital que habían traído. Fue de gran valor analizar y reflexionar juntos sobre cada juego, ya que pudieron descubrir algunos riesgos que tenían y que ellos desconocían.
Una tarde les propuse un desafío aún mayor para dar respuesta a la pregunta que planteaba el tópico: invitarlos a jugar con pantallas y sin pantallas, durante el mismo tiempo y con la misma propuesta: jugar libremente con las posibilidades que les daban las tablets y los juguetes de la sala. Primero les brindé las tablets como único material para jugar y, mientras jugaban, les saqué fotos y los filmé. Cuando finalizó el tiempo de juego —algo que teníamos planeado con anticipación—, les mostré cómo se venían jugando con las pantallas: se sorprendieron al verse tan quietos, al observar sus rostros serios y al escuchar que no hablaban y que solo se oían los sonidos de los juegos. Después llegó el tiempo de dejar de lado los dispositivos y compartir el mismo tiempo acordado con los juguetes de la sala; también allí les saqué fotos y los filmé mientras el juego sucedía. Al terminar el tiempo y disponerse a observarse jugando, descubrieron que sus conductas eran muy diferentes y casi opuestas a las anteriores. La respuesta a la pregunta ¿qué cambia cuando jugamos sin pantallas? surgió con facilidad de la propia experiencia vivida: observarse jugando en ambas situaciones los invitó a reflexionar, desde su propio proceso de metacognición, sobre las posibilidades que brinda el juego real, el juego con otros, el encuentro entre pares y, sobre todo, el impacto que genera en su cuerpo. Y a la reflexión que llegaron fue + juguetes, - pantallas.
¿Y desde qué lugar acompañaron las familias? Eslabón más que importante para lograr que estos nuevos hábitos digitales también se instalen en los hogares. Las familias fueron quienes en la primera reunión de Febrero plantearon su preocupación por el uso desmedido de la tecnología, así que desde el equipo de Nivel Inicial compartimos artículos, enviamos reflexiones y creamos talleres para acompañarlos, como adultos cuidadores responsables, en la tarea de guiar y limitar el uso de dispositivos en sus hogares. Específicamente en la sala se fue compartiendo con las familias el proceso de alfabetización digital que veníamos construyendo y realizando: compartimos nuevas aplicaciones, propuestas de juego, investigaciones y reflexiones a las que llegamos.
Ser un "alfabetizado digital" significa ser un usuario empoderado, crítico y responsable, capaz de utilizar las herramientas digitales para mejorar su vida y su entorno. Si bien aún falta mucho por recorrer, aprender, desaprender y construir en esta nueva era digital, considero que acompañar, brindarles herramientas para pensar, desarrollar en nuestros alumnos/as la observación, el pensamiento crítico, escuchar sus ideas, empoderar sus reflexiones, compartir su mundo, respetar sus elecciones y motivarlos a conocer nuevas posibilidades, a ser curiosos y a cuestionar lo que los rodea es la mejor enseñanza que les podemos brindar como docentes en este momento de cambios.
Romina Alberti